Palabras en la despedida de Carolina Jorquera Cáceres (1994–2015)

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Querida Carolina, Carito, trataré de ser breve, aunque sin dejar nada de lado. Quién hubiera podido imaginarse alguna vez que tendrías que pasar por todo esto, yo jamás lo imaginé, y tampoco soy capaz de creerlo aún.

Te conocí hace sólo cinco años, nos hicimos amigos hace cuatro, pero parece haber sido mucho más que eso. Tal vez porque pudimos compartir muchas cosas lindas juntos, cosas que nunca olvidaré, como fue haber llegado a ese segundo lugar en los debates regionales de inglés.

Siempre he sido algo tímido para hacer amistades. Pero nos llevamos muy bien desde el comienzo. Pasamos junto a los chiquillos casi tres meses juntos, en una sala, la biblioteca, la sala de computación, estudiando, practicando inglés, un idioma que tanto te gustaba y apasionaba aprender, pero también estuvimos jugando, conversando, y conociéndonos unos a otros, entablando una amistad que perduró por mucho tiempo más que esos tres meses.

Recuerdo muchas cosas. Cuando nos sacamos esa foto afuera del liceo Santa Cruz, tras ganarles; cuando jugábamos en el computador, eras la mejor, siempre nos ganabas, tranquilita pero segura, toda una pillita.

Quedó pendiente ese asado con el grupo, y la pizza. Pero ya habrá alguna oportunidad, algún día…

Recuerdo también que te inscribí (casi a la fuerza) para participar en los campamentos de inglés, pero no pudiste ir por razones mucho más importantes. Eras muy preocupada por tu querida familia, y decidiste trabajar para poder ayudar con algo a tus esforzados padres.

Recuerdo que te tenía preocupada la PSU, no sabías qué estudiar, pero pudiste tomar una gran decisión.

Si bien cuando emprendiste rumbo a Valparaíso, a esa universidad de la que te enamoraste, debimos separarnos físicamente, pero siempre mantuvimos el contacto.

Me contabas que te costó al principio, que tenías que estudiar mucho, que no sabías por donde empezar, que te bombardeaban con información. Pero tú siempre, con ímpetu, supiste salir adelante, eras muy estudiosa, demasiado, te encantaba leer, te encantaba conocer nuevas cosas, te encantaba aprender, y también te encantaba poder ayudar a los demás a que también aprendieran.

Durante tu tiempo en la universidad hiciste muchas cosas, anónimamente, pero que dejarán huella. Tu amor por los niños era enorme, y así pudiste involucrarte en un grupo de estudiantes que ayudaban a enseñarle a niños porteños de escasos recursos. Una tarea muy noble, y que anónimamente, insisto, realizaste.

Porque no te importaba si un niño era negro, blanco, rico o pobre, todos eran igualmente importantes, todos tienen capacidades para lograr sus metas, y esa era tu filosofía, si podías ayudar a alguien, lo hacías, si podías estar ahí cuando alguien lo necesitaba, estabas ahí. Cuando mi mamita estuvo enferma de cáncer, no pudiste estar presente, pero sí me mandabas tus buenos deseos, y esperanzas de su pronta recuperación.

En tu universidad también hiciste grandes amiguitos, que hoy también te acompañan, y que nunca te han abandonado.

Hace un par de semanas te vi por última vez en Pichilemu. Ibas con tu hermanito Gabriel a la biblioteca, a leer, era que no. Fue poquito lo que conversamos, tras tanto tiempo sin vernos, pero fue gratificante verte, y que estabas bien, y feliz con lo que estudiabas, la telemática.

Cuando enfermaste, era increíble pensar que era tan grave lo que estabas pasando. Sólo me di cuenta de lo difícil de tu situación cuando fui a verte el domingo pasado.

Nunca olvidaré tus últimas palabras. Nunca olvidaré ese momento.

Nunca perdimos la esperanza. Y aunque nadie quería este desenlace, sabemos que diste lo mejor de tí para recuperarte, para salir adelante, para seguir estudiando esa carrera que amabas, para seguir queriendo y protegiendo a tu hermanito, para seguir apoyando a quienes no tienen, para seguir siendo tu, una persona bondadosa, respetuosa, amable, cariñosa y muy noble.

Como decía tu mamita, cada noche que pasamos junto a ella, mientras hay vida, hay esperanza. Pero la esperanza no se pierde, no Carito, aunque ya nos hayas adelantado en este camino a lo inexorable, a donde todos iremos a parar algún día. Una persona muere sólo cuando es olvidada, y estoy seguro que todos quienes te conocieron, y aquellos que no, quienes están presentes aquí dándote esta última despedida, nunca te olvidarán. Porque has sido un ejemplo, porque fuiste una guerrera, porque fuiste realmente excepcional. Carolina, jamás te olvidaremos.

Tal vez no sea un futuro presidente de Chile, como tú muchas veces me dijiste, pero sí, Carito, te prometo algo, que haré todo lo posible, y que esté a mi alcance, para que tu muerte no sea en vano. No podemos dejar que otras personitas deban partir, como tú lo has hecho, por ignorancia o desconocimiento.

Donar un órgano es regalar vida. Hay que dejar de lado la desconfianza, y ponerse la mano en el corazón. Cuando partimos de este mundo, partes de nuestro cuerpo pueden seguir viviendo en otras personitas, como la Carito. Tal vez si hubiera llegado un donante, ella todavía estaría con nosotros y no la estaríamos llorando.

Gracias por dejarme ser tu amigo, gracias por vivir, gracias por todo Carito. Eres la mejor, te queremos mucho.

Por favor, no dejes solos a tus papitos, a tus hermanos, ellos más que nunca te necesitarán ahora, necesitarán que los guíes en sus caminos, que los ilumines en sus decisiones, que los acompañes por siempre.

No puedo dejar de mencionar las sabias palabras que citaste de Confucio, hace unos meses atrás… “Nuestra gloria más grande no consiste en no haberse caído nunca, sino en haberse levantado después de cada caída”

Que descanses en paz, y más temprano que tarde, nos volveremos a encontrar, amiga.