Prólogo de “Camino al Progreso”, por Dr. Ulises Cárcamo Sirguiado

Prólogo de “Camino al Progreso”, por Dr. Ulises Cárcamo Sirguiado

La historia local, si bien tiende a preocuparse de la actividad humana en espacios perfectamente delimitados, también se inclina a recuperar el análisis y la narrativa, generando así una historia en donde los diferentes relatos y las anécdotas, tanto individuales como colectivas, tienen cabida, procurando dar cuenta de la vida desarrollada en la localidad.

En este sentido es que lo local no es un sitio o lugar con coordenadas específicas, sino más bien un lugar en donde se localiza alguien, un sitio desde donde el individuo toma posición frente a otros. Estamos hablando entonces de un referente a partir del cual los individuos o la comunidad que ahí habita puede reconocerse y distinguirse de otras comunidades. Lo local es el lugar en donde acontece el proceso de conformación de la identidad en donde los individuos se particularizan dentro de una diversidad que los une.

Expresado de otra manera, lo local cobija un proceso de construcción y cambio permanente, en donde las prácticas culturales van generando un modo de vida, una visión de mundo y el desarrollo de una conciencia histórica. De esta manera, lo local es histórico siempre y cuando exista una comprensión histórico-social de la relación entre la comunidad social y su entorno natural a través del tiempo.

El desafío que se plantea a la disciplina histórica frente a lo local es construir la localidad desde un marco temporal, trayendo los hechos desde el pasado a la actualidad, no para hacerlos presentes, sino constituirlos en testimonios basales del desarrollo y constitución de la comunidad a partir de una pluralidad de acontecimientos.

La historia local es más que la elaboración de segmentos anecdóticos, o retazos de aventuras, o una cronología propia del establecimiento de un museo: se trata de la recuperación de la vida local, a partir del estudio de los individuos en su propia realidad espacio-temporal en una cotidianidad activa.

Alguien que ha sido protagonista de algún acontecimiento significativo, y que haya trascendido el ámbito del hogar, sin duda tiende a mantenerlo dentro de su memoria e irradiarlo a la memoria colectiva. Luego de muchos años, esos hechos tienden a transformarse en referentes para un grupo de personas al evocarlos y transformarlos en parte de su propia historia, en un proceso de identificación grupal.

Es así como el interesado en construir el relato de una comunidad tiende a reconstruir los escenarios, los protagonistas, los comportamientos y el tiempo en donde se desarrollan estos acontecimientos alojados por muchas generaciones en la memoria colectiva socializada, y que otorga sentido al proceso identitario de la comunidad.

Así, las viejas historias y los recuerdos pasan de individuos a grupos, de generación a generación, hasta que alguien siente la necesidad de recuperarlas y preservarlas en las páginas de un libro.

El presente trabajo da cuenta precisamente de lo anterior, a partir de una motivación racional y emotiva, es que el autor quiso dejar retratada las diversas huellas del proceso de conformación de la comunidad de Pichilemu.

Retrotrayendo el relato al origen, comienza a desarrollarse en un lugar en donde se acota las dimensiones del medio natural que sirve de escenario para la vida cotidiana, y luego pasa a desempeñar funciones específicas de acuerdo a las diversas épocas y las ideas de desarrollo de las cuales la comunidad se hace cargo.

Entre las personas que ahí habitaron se destacan los propietarios, y a partir de esa relación de dominio sobre el territorio se entrecruza la relación tanto con el resto de habitantes como con las necesidades del Estado; es así como la localidad de Pichilemu comienza a adquirir paulatinamente características identitarias y de funcionamiento administrativo, que rápidamente incorporan esta realidad particular en un marco de referencia mayor como es la historia nacional.

La infraestructura es un aspecto importante que permite nutrir de experiencias a la comunidad en gestación, a partir del desarrollo de obras de conectividad con otras realidades del país, produciendo una relación dialéctica que gradualmente permite ir generando el proceso identitario de los habitantes de la localidad.

Algunos eventos naturales que ocasionaron impacto en la comunidad, como es el caso de los terremotos, dan cuenta de percepciones acerca de la vida y del mundo, que quedan registrados en los diversos testimonios registrados por el autor, tanto en este libro como en “Crónicas de Pichilemu”.

También la historia local se ve registrada a partir de la monumentalización de sus construcciones y edificios lo que constituye una forma de reconocimiento a la memoria del lugar y a la necesidad de perpetuación de hitos identitarios en el presente que afirmen el comportamiento de los habitantes del lugar.

También en las páginas de estos libros, se da cuenta de las diversas organizaciones sociales que fue generando la comunidad al ir complejizando su cotidianidad y sus relaciones sociales, lo que de una u otra manera ejemplifica el fortalecimiento de los lazos comunitarios con el entorno natural que ha sido socialmente modificado con el trabajo y colaboración de diversas generaciones.

La organización política y administrativa es enfocada como una forma de conducción y de generación de condicionamientos de la cotidianidad que a través de diferentes años van desarrollando los habitantes de Pichilemu.

Finalmente, a partir de la semblanza realizada sobre diversos personajes destacados se intenta dar cuenta de la pluralidad y particularidad que rodea la conformación comunitaria local a través del tiempo.

Sin duda, los esfuerzos realizados por el autor reafirman sus propias declaraciones, en el sentido de que, más que una historia acabada, las páginas de este libro recogen retazos de memoria fragmentada, pero que de una u otra manera otorgan pistas del proceso de conformación identitaria de la comunidad pichilemina a partir de diversos acontecimientos y de las acciones tanto individuales como colectivas, que permiten afirmar que si bien se trata de una realidad acotada localmente, no es menos cierto que ella encierra características que la circunscriben a realidades mayores, ya sean regionales o nacionales.

En consecuencia, estamos frente a un esfuerzo por rescatar la vida pretérita a partir de los parques, los edificios, los nombres y por sobre todo a partir de la acción humana almacenada por largo tiempo en la memoria de los lectores a quien primariamente va dirigido este relato, la comunidad de Pichilemu, y que sin duda activará una memoria mayor quizás adormecida por la falta de estímulos como son las páginas de estos libros.

Ulises Cárcamo Sirguiado
Doctor en Historia
Universidad de Chile
Enero de 2016